Berri Txarrak / The Baboon Show – Bizkaia Arena

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Infrasonidos para estremecer un pabellón

Pocas citas son las que se dan al año de conciertos multitudinarios en Euskadi (exceptuando festivales) que sean capaces de colgar el cartel de aforo completo, y menos aún si hablamos de bandas de casa. El sábado, Berri Txarrak se apuntó un nuevo hito en su extensa carrera, un concierto propio ante 10.300 personas en el BEC de Barakaldo en la presentación de su último trabajo “Infrasoinuak”. Los suecos The Baboon Show y su power punk fueron los encargados de dinamizar la espera.

The Baboon Show

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Justo una semana después de haber tocado en el Antzoki de Bilbao (con entradas agotadas), The Baboon Show volvían para seguir derrochando actitud, punk y rock and roll sobre un escenario. Esta vez tuvieron que concretar más en su setlist para descargar en menos de cuarenta minutos la entrega y contundencia de sus temas. Y así fue, Cecilia no paró en ningún momento de moverse y recorrer el escenario de una punta a otra, buscando atraer al público que ya se agolpaba en las primeras filas.

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Su voz rasgada parece que en cualquier momento va a fallar, pero nada de eso. Con unos compañeros de técnica contrastada, los temas de su último trabajo sonaron muy bien. Seguramente pocos de los que allí se encontraban conocían a esta banda y seguro que muchos la seguirán más de cerca a partir de ahora.

Berri Txarrak

Mientras se realizaban los cambios de instrumentos sobre el escenario, un gran telón negro tapaba todo lo que pasaba tras él, dejándonos con la curiosidad de qué se estaría tramando ahí detrás. A la hora establecida por la organización el trío de Lekumberi salió a escena sin instrumentación alguna para saludar y aplaudir en forma de agradecimiento la acogida y respuesta de sus seguidores ante semejante cita.

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Y ahora sí, con esa disposición clásica sobre el escenario, Gorka y David a cada lado del escenario y un único pié de micro en la parte central en un saliente del escenario al que tanto Gorka como David se acercarían a lo largo del concierto, casi siempre para momentos puntuales en algún tema.  Comenzaron la actuación con “Dardararen Bat”, tema con el que también abren su último disco “Infrasoinuak”. Gorka y los acordes de su guitarra, fueron los primeros en presentarse con un tema con cierto deje stoner que ya metió al público en el bolsillo en el estribillo. “Infrasoinuak” sería el gran protagonista de la primera parte del show, ya que sorprendentemente y en un acto de confianza propia, el trío tocó íntegramente y en orden todos sus temas, sin tiempo para trabajos anteriores. Seguramente el gran telón de fondo de escenario donde se podía leer en letras bien grandes “Infra” era una pista más que evidente. El single “Spoiler”, de corte más bailable, “Zaldi Zauritua” o “Beude” tuvieron una acogida algo más fría a esa parte del público que quizás iba esperando un repertorio con temas clásicos de la banda. El sonido de “Hozkia” y “Sed Lex” pudieron saciar, en parte, a ese público con un sonido más propio de los primer Berri. Sonidos más compactos y guitarras menos limpias, sonoramente hablando, hicieron volver a levantar al público. Con “Zorionaren Lobbya” cerraron la primera parte del show que estuvo bien ejecutada y que sirvió para, ahora sí, centrar la atención en la discografía previa de la banda.

En la intimidad con diez mil personas

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De nuevo el telón negro volvió a hacer acto de presencia para el primer parón de la noche. Nuevo cambio de distribución sobre el escenario, pero esta vez sería para un set más íntimo. Toda la instrumentación se montó delante del gran telón negro, sobre el saliente del escenario. Las sillas y los pies de micro a su altura nos hacían intuir por dónde navegarían ahora las aguas de la banda. Acompañados  por teclados a un lado y  mandolina y violín (Arkaitz Miner) al otro, Gorka y los suyos empezaron con los clásicos, pero adaptándolos a ese set semi acústico que habían montado. “Eskuak” o “Aditu Bihurtuak” sonaron muy parejo a sus originales, en cambio “Poligrafo Bakarra” sí que tuvo su conversión, por poner un ejemplo. Para el final de esta segunda parte del concierto, la versión del tema de Arcade Fire “Wake Up” para la que el grupo se puso ya en pie. Quizás a alguno/a nueve temas seguidos en este formato para un concierto de rock se le pudo hacer algo pesado y a otros todo lo contrario, pues vimos alguna que otra lágrima entre los asistentes.

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Concierto clásico para temas clásicos

De nuevo vuelta a la disposición inicial, ya sin el telón de fondo de infra, que dio paso a una especie de grandes troncos luminosos como si de un bosque se tratase, dándole al resto del show un toque más alegre y festivo, y es que ahora sí, el trío, tras casi hora y media de concierto, daba lo que se podría considerar un concierto estándar. Gorka volvió a soltar la muñeca en “Ikasten” en lo que sería la tónica predominante para el resto de la noche. El ritmo ya era menos pausado y enlazaban tema tras tema como con “Libre” y “Iparra Galdu” o “Bigarren Itzala” (y los lololo del público acompañando los acordes de Gorka) con “Lemak Aingurak”. La banda, a la que no vimos flojear en ningún momento, tenía a toda la grada en pie y buscaron constantemente su implicación, con coros, arengas y agradecimientos (también para todo el staff técnico que hizo posible dicho evento). Para “Zertarako Amestu” pidieron silencio, silencio que se rompió a los escasos segundos con palmas.

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Para el bis estándar, salió Gorka sólo con una electroacústica para cantar en el micro central “Maravillas”, con dedicatoria especial a Marielle Franco y a todas las mujeres en general. Aquí el de Lekumberri pidió la colaboración del público para que encendieran las linternas de los teléfonos e iluminaran todo el recinto, en lo que fue uno de los momentos más emotivos de la noche. La siguiente en sonar, “Oreka”, lo hizo ya con la banda al completo y con sorpresa interna, al incluir en mitad de la canción su versión particular del tema “Kids” del grupo MGMT, tras la cual retomarían “Oreka”. Y para el final dos de sus himnos, “Ikusi Arte” y el bombazo sonoro de “Oihu”.

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Y como en el comienzo de su show, el trío se acercó a los pies del escenario a agradecer a los asistentes todo el cariño y la entrega recibida por su parte en un concierto que se extendió hasta las tres horas y cuarenta temas (lo que viene siendo hacerse un The Cure). Sin tiempo para más, los encargados de seguridad comenzaron a desalojar la pista, mala idea, pues el comentar el concierto bebida en mano en el sitio hubiera sido más productivo para que toda esa marea de gente no cogiera la puerta de salida a la vez y se vieran colapsado el transporte público que a esas horas escasea. A la salida, pudimos ver numerosos autobuses privados aguardando en el exterior, lo que nos dio una confirmación más de que lo vivido la noche del sábado 17 de marzo no fue algo más.

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Texto y fotos: Dave Blanco.

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