Ebrovisión 2017: Jueves

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Ebrovisión 2017: Jueves

El pasado jueves arrancó en Miranda de Ebro la XVII edición del Ebrovisión, un festival que enamora. Para nosotros, era la segunda vez que acudíamos y, como el pasado año, volvimos a quedar encantados de un festival familiar y muy acogedor.

En esta edición, tenían tres grandes cabezas de cartel, uno internacional y los otros dos nacionales, pero con gran tirón. Además, el festival pasaba de dos a tres jornadas en el multi-funcional de Bayas. Seguramente esto se ha debido al bolo que Ty Segall ofreció (único en España).

Así, el jueves pasaba a ser día de festival y contaría con la gran actuación del californiano. Pero el cartel del día también lo llenaría un grupo que está en plena efervescencia: Rufus T. Firefly.

Wolf

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Los encargados de abrir el festival fueron los burgaleses Wolf, banda que se hizo con el concurso “Música Joven de Burgos”.

Poco después de las 19:30 y con todavía poco público, los cuatro jóvenes, con las caras pintadas “modo guerrilleros”, salieron al escenario de la carpa Estereoclub. Destacar el cambio respecto al año pasado, dónde los grupos de la tarde tocaron encima del contenedor publicitario (con los problemas que ellos conlleva). Gran acierto este cambio, a pesar de que el sonido de los bolos que allí se dieron no fuese el mejor.

Salieron con una intro de pop-rock duro y con bastantes problemas de sonido (primer bolo y había cosas que ajustar). El resto de los temas sonaban sugerentes, con momentos de guitarra y con poco movimiento de los cuatro.

La gente se iba acercando al recinto y tocaron “Lobos”. Tema con más dinamismo y que sonó de lo mejor. Antes de marcharse versionaron “Counting Stars”, donde presentaron al grupo, y se despidieron con “Hojas de Cristal”, donde volvieron a aparecer los problemas de sonido.

Julieta 21

Sobre las 20:30 salían a escena los guitarras y batería, pero Julieta 21 no arrancaba: faltaba el bajista, que con cara de susto, subió a escena. Entonces, José Perez, líder de la banda, vaciló al público, que todavía tímido, aguardaba en las filas de atrás de la carpa.

En poco más de 30 minutos repasaron temas de su último trabajo “Alerta”, entre ellos su single “Antiestática”. Después sonó “Bienvenidos Muertos”, una canción de vida.

Se acordaron de Supersubmarina y tocaron acordes del tema “Algo Que Sirva Como Luz”. Se despidieron con “Mundo Estéreo” (canción que habla de las redes sociales) y “Fuerza Natural”, que también cierra su último LP.

Franela

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Casi sin descanso, ya en el escenario principal, Franela guitarreó todo lo pudo y más. El grupo versiona a Neil Young y cómo no se cansaron de repetir: “In Young We Trust”.

Los cinco, con camisas de cuadros, lo dieron todo encima del escenario. No paraban de moverse y los constantes aullidos de Ángel Carmona animaban a los que allí estábamos.

Franela lo componen músicos con mucha experiencia y eso hace que técnicamente sean irreprochables, aún así, un grupo de versiones en un festival no es lo que más nos guste.

Era el primer concierto en el escenario principal y nos llevamos una gran sorpresa con el foso. Pasillo minúsculo que hacía casi imposible el transitar por allí. ¿Demasiados acreditados sin diferenciar redactor/a y fotógraf@? Finalmente, la coordinación entre fotógraf@s hizo la tarea de moverse más fácil.

Biznaga

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Biznaga llegaba al Ebrovisón después de haber pasado la semana anterior por el Kafe Antzokia de Bilbao. Prácticamente mismo setlist y misma energía de este grupo madrileño de punk-rock. Sonidos reivindicativos con melodías muy parecidas a infinidad de grupos vascos del mismo estilo; incluso nos preguntaron si el grupo era vasco.

Llegaron con bajista de sustitución, que fue lo más destacado del bolo por su interminable derroche de energía. Poco antes del final del concierto, el segundo guitarrista rompió cuerda y ante la imposibilidad (por tiempo) de cambiar de cuerda, “el salvador” Ángel Carmona cedió su guitarra. Generosidad de artistas.

Antes del bolo estrella de la noche, decidimos reponer fuerzas. La oferta de “food-trucks” era correcta por variedad, pero nos resultó algo caro, sobre todo viendo el precio de las bebidas (asumible).

Ty Segall

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El californiano, con su única fecha con banda en España, demostró en hora y media de concierto la calidad musical, tanto suya y como de la banda.

En posición de V y con Ty en una esquina, abrieron el concierto con “Break The Guitar” y “Freedom”. Durante la actuación, los solos fueron constantes y las canciones se sucedían sin apenas parones. Sólo escuchamos un “Hola” de Ty Segall que saludó al público que se había acercado a disfrutar del americano.

Sonaron clásicos como “Finger” o “Caesar” y cerró con “The Crawler” y “Sleeper”.

Estuvo perfectamente rodeado de segunda guitarra, bajo, batería y teclados, que hicieron que gente conocida del mundo de la música se acercase a Miranda a disfrutar de la banda. Pudimos ver a Javi Ajenjo o Ángel Stanich, entre otros.

Rufus T. Firefly

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Los encargados de cerrar la primera jornada fueron los madrileños Rufus T. Firefly. Pasada la madrugada y con menos público, Víctor, Julia y los suyos salieron a presentar su último trabajo “Magnolia”.

De este LP fueron la mayoría de sus canciones, con los hits “Río Wolf” o “Pulp Fiction”. El grupo huye en sus temas de los sonidos más clásicos y hacen de cada canción algo único. Son auténticos emanadores de buen rollo.

También sonaron de “Magnolia”, “Espectro”, que Víctor aprovechó para agradecer al público que se quedó a verles, y “Última Noche en la Tierra”. Una hora de bolo que no bajó el nivel de los anteriores.

Primera jornada de grupos nuevos para nosotros y que destacó por Ty Segall y Rufus T. Firefly, grupos que cuentan con una buena legión de seguidores, cada uno en su estilo.

Del festival volver a destacar el ambiente familiar que se vive y la gran acogida que brindan todos los que hacen posible la celebración de este evento.

Como punto negativo, de nuevo, el no uso de vasos reutilizables. Es la mejor medida para evitar que entre cada concierto, el recinto sea un campo de minas. Además, que en barra no cambiasen los “Ebros” (moneda del festival), era algo cuanto menos curioso.

Quedaban dos jornadas muy largas por delante y descansar era la mejor opción.

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