Rayden

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Rayden (02/12/2017)

Hay conciertos a los que no quieres ir, pero cuando superas a la pereza, casi siempre acabas ganando. Ayer nos pasó eso con Rayden, un tipo que apoyado en un equipo de 10, consiguió hacer que una noche fría y desapacible se convirtiese en una de las actuaciones del año que cerramos.

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Antes de las 21:30, la gente ya esperaba para la apertura de puertas mientras en los cercanos Jardines de Albia se celebraba “una fiesta”. Había otra montada a unos pocos kilometros. Para nosotros la fiesta era Rayden.

Eran las 22h y sonaron las primeras notas de la intro del último disco “Antónimo”. Seguido Mediyama y Rayden salieron con “No Hago Rap”. Esto bastó. Ya tenían ganado al público, muy joven y con ganas de Rayden.

En escena estaba acompañado de guitarra, mesa de mezclas, batería, bajo y el propio Mediyama, más conocido como “Sharky I El Justo”. En batería y bajo estaban Cesar Uña y Txarlie Solano, de Mäbu. ¿Faltaba la propia María? No. Tras “Mi Primera Palabra” que dedicó a todas esas madres, apareció en escena la voz de Mäbu, que sorpresa: ¡anunció que iba a ser madre! Todo encajaba.

Con ellos dos a las voces sonaron “Viviendo En Gerundio” y el íntimo y tierno “Pequeño Torbellino”, canción dedicada al hijo de Rayden. Momento especial y hasta casi emotivo.

Discursos y canciones

Los discursos reivindicativos se mezclaban con temas como “Pan, Circo, Ajo y Agua” o “Nunca Será Siempre”, una de las más coreadas por los asistentes. Siguieron con “Amalgama”, “Ubuntu” y el “Finisterre” (aunque sin la voz de Leiva). Sonaron los males de “Malaria” con bases de voz femenina antes del breve bis.

Para el final dejaron la positivista “Sastre De Sonrisas”, “Pasillo De Honor” e “Imperdible”, que sonó a la perfección con Mediyama a las segundas voces.

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Aquí Rayden se paró y dedicó “Haciéndonos Los Muertos” (que habla de valientes) a todas esas mujeres que tienen que seguir defendiéndose de manadas y a los que buscan vidas mejores cruzando mares. El aplauso del Kafe Antzokia fue el más fuerte de la noche.

Cerró, tras hora y tres cuartos de concierto, con la esperadísima “Matemática De La Carne”, que se iluminó con las luces de los móviles de los asistentes.

Seguramente el 95% del público sabía a lo que iba, pero a ese otro 5% que componíamos nosotros, nos ganó. Bien Rayden y bien todo su equipo, que acabó saltando en la pista con ese 95%.

Texto y fotos: David Pereda.

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