Rufus T. Firefly – Kutxa Kultur Kluba | Donosti

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ticketea

De cuando los cisnes negros se convierten en halcones milenarios

Son Rufus T. Firefly, y nos aventuramos a decir que de lo mejor musicalmente hablando que hay actualmente en el entorno. Muestra de ello su último LP “Magnolia”, todo un éxito, y que llevan girando más de un año. Ayer, en Donosti, con el cartel de “Entradas Agotadas”, lo volvieron a demostrar. Y eso que La Bella Easo es plaza complicada, confesado por muchos artistas.

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El pasado verano hicieron doblete en Bilbao, en el Bilbao BBK Live, a las 18:00 en Kobetamendi y al mediodía en el kiosko del Arenal. Éxito en ambas ocasiones, pero nos faltaba una sala. Iñaki Estévez, en Donosti, se atrevió y triunfó. Así que nos fuimos allí.

Idas y venidas

Muchos grupos pasan por momentos malos, seguramente más que buenos. Pero de todo se aprende y puede llegar el día en que, de repente y tras mucho trabajo, des con la tecla y resurjas como el ave Fénix. Rufus T. Firefly sabe de eso, y no lo esconden. Es parte de su éxito, saber de dónde vienen y saber lo que quieren hacer. Su show es medido, con detalles para llevarse cuatro, ocho o dieciséis fans más por bolo.

Pasaban pocos minutos de las 20h, cuando la habitual señal de la linterna, apagó las luces e introdujo la música ambiente. Salían ellos: Víctor Cabezuelo (voz y guitarra), Julia Martín-Maestro (batería), Carlos Campos (guitarra), Miguel De Lucas (bajo) y Rodrigo Cominero (teclados). ¿Y quién fue la encargada de romper esa intro? Ella, Julia. Abrían con “Tsukamori”, mismo tema que abre “Magnolia”.

Sin descanso llegó “El Halcón Milenario”, y como reza la canción, de repente, se convirtieron en una anochecer brillante. De alabar el buen sonido de la sala y la espectacular luminosidad en escena. Antes de la presentación del grupo, repasaron “El Problemático Winston Smith”, de su anterior LP “Nueve”. Aquí, Víctor cedió su guitarra a un espectador de primera fila mientras hacía fechorías en su teclado.

Por fin, se dirigieron al público y ahí fue cuando reconocieron su cambio de mirada con “Magnolia”. Un disco que reconoció Víctor les ha cambiado su vida, y a tenor de lo que vimos, para bien. Se lo merecen.

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Después, de nuevo sin descanso, sonaron “-O-” y “Midori”, este último del anterior trabajo, donde las guitarras de Víctor y Carlos tomaron protagonismo. En “Espectro”, Víctor dejó la guitarra, para un inicio suave que volvieron a romper para deleite del público. Había ganas y sonó “Cisne Negro”, antes del tema sólo instrumental de la noche. Fue el momento para descubrir definitivamente la calidad del grupo. Las luces tenues alumbraban a Víctor, que bajaba el ritmo infinitamente, hasta que Julia se cansó y decidió romper ese letargo en el que parecía entrar el líder. -Más de uno se llevó un buen sobresalto entre el público-.

Rodeándose de los mejores

Antes de los agradecimientos a todos esos que hacen posibles los directos, llegaron “Última Noche En La Tierra”, “Pulp Fiction”, con los ecos de la voz de Víctor, y “Pompeya”, con el que los cinco entraron en éxtasis. Era momento de explotar y clavarse en los tímpanos y así lo hicieron, con Rodrigo de pie y disfrutando del momento. Julia acabó por todo lo alto, con los otros cuatro rodeándola y acabando con el mejor tema de la actuación. Chapeau.

Pasaba algo más de una hora de bolo cuando Víctor reconocía que se estaba acabando. Alabó la sala y a Iñaki por llevarles allí, “una sala para buen rock” reconoció. Y faltaba lo mejor. “Nebulosa Jade”, con el buen hacer de Miguel al bajo, fue la última antes del pequeño bis. Para después dejaron “Magnolia”, donde Víctor entró en espiral, y “Rio Wolf”. Acabaron con los instrumentos por la cabeza, disfrutando ellos y haciendo disfrutar a los demás. Eran las 21:30 y eso se había acabado. ¡Una pena!

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Texto: David Pereda.

Fotos: Dave Blanco.

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