Toundra: recomponiendo el ruido
Toundra volvieron después de un letargo de incertidumbre y borraron dudas
A Bilbao le van las historias que se construyen desde las ruinas. La del pasado 1 de mayo tenía de todo: un jueves festivo con puente por delante, un partido del Athletic que paralizaba media ciudad… y, aun así, la sala BBK vibraba con una entrada más que notable. Había hambre. Hambre de ver cómo regresaba Toundra tras ese silencio largo que siguió a la abrupta salida de Esteban. Había incertidumbre, expectación y muchas ganas de comprobar si el rugido seguía ahí, si la máquina volvía a estar engrasada.
Spoiler: sí.

La banda madrileña escogió Bilbao —cómo no— para romper su silencio y abrir una nueva etapa. Lo hizo con una ligera reorganización sobre el escenario: ahora Macón, guitarra en mano, ocupa el centro de la escena, mientras que Alberto parece seguir ampliando su arsenal sonoro en su particular altar electrónico. La comunión entre ellos se sintió viva, aunque era inevitable percibir una cierta contención —quizá autoimpuesta— por parte del núcleo veterano. En contraste, Jorge García (Adrift, Loma Baja…), el recién llegado, fue pura soltura: desacomplejado, enérgico, cómodo, como si llevara años formando parte del engranaje.
Tras una intro atmosférica que preparó el terreno con tensión medida, llegó “Cobra”, una declaración de intenciones directa al pecho. Ese riff-torbellino que lo arrasa todo y que sigue siendo un emblema perfecto del universo Toundra. Más adelante, “Watt” de su último trabajo Hex, se sumó a ese arranque robusto y contundente que no dio respiro.

El setlist, variado, hizo un extenso repaso a su discografía (excepto I), con clásicos como “Tuareg”, “Oro Rojo” o “Bizancio” surcando el núcleo del concierto. Hubo matices nuevos, ligeras variaciones que despertaban la duda: ¿pinceladas del directo o pequeños gestos de Jorge por empezar a hacer suyas las canciones? Lo cierto es que funcionaron.
Y por fin, tras años de reivindicarlo en nuestras crónicas y conversaciones postconcierto, el arranque de “Kitsune” nos permitió disfrutar como se merece de la guitarra de Macón en ese inicio épico que antes parecía escondido. Un detalle que sabe a caricia para quienes llevamos tiempo en esto.

El sonido en la sala BBK —una joya para estos formatos— acompañó como debía. Espacial, nítido, envolvente. Así llegó “Magreb”, que sonó espectacular, como cierre de la primera parte de la actuación. Para el bis, “Ruinas” y “Cielo Negro (Black Sky)” pusieron la guinda a una noche que terminó superando con nota las expectativas.
El público de Bilbao, fiel como siempre a su cita con Toundra, fue testigo del comienzo de una etapa nueva, aún incierta, pero ilusionante. Si esto era solo el primer paso, queda claro que hay camino por recorrer y que los madrileños están ya en marcha, con ideas, con energía, con hambre.
Y eso solo puede ser buena señal.
Texto y fotos: Dave Blanco
