Viernes de homilía con El Altar Del Holocausto – Satélite T / Bilbao

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Penitencia en silencio

Viernes noche, junio, luego fuera de Semana Santa, nos ponemos frente a un altar algo particular, para escuchar plegarias a ritmo de guitarra, bajo y batería, y cero sermones. Los hermanos de El Altar Del Holocausto vinieron a Bilbao a presentar su nuevo disco “I-T” , y como de costumbre, sus conciertos son una homilía en toda regla. Un cartel en la entrada nos rogaba que guardásemos silencio durante toda la homilía y una música celestial nos recibía dentro del local.

Venid a mí, hermanos

Aunque para este tercer disco se anunció la incorporación de un cuarto hermano al rebaño de túnicas blancas, y cuatro fueron las que vimos, sólo tres portaban instrumentos sobre el escenario, un cuarto hermano les hacía frente desde el lugar de los feligreses. El disponer sólo de una guitarra restó en matices a la actuación, pero no en pegada y contundencia.

Nada más comenzar, el hermano Skybite al bajo, sugirió que todos los presentes se acercaran aún más al altar, hasta hacer desaparecer el mínimo centímetro cuadrado de suelo libre frente a ellos. Al igual que con su recién estrenado disco, la homilía comenzó sin miramientos, con el primer corte de dicho disco. Durante su interludio se volvió a pedir cercanía (poco margen había ya) y un silencio sepulcral llenó la sala hasta que “Again I Say To You ….” lo rompió por completo con sus riffs.

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Lentos, pero con paso firme

Metidos ya dentro de su liturgia oscura, de paso lento, los tres hermanos y su séquito de fieles, caminamos de capilla en capilla guiados por su luz  de cálidos matices. Interludios suaves, acordes como mantra y batería poco liviana, discurrían por los temas de sus dos últimos discos. Las partes finales sacudían intensidad, mientras que los comienzos eran progresivos y austeros en graves. Un voz en off femenina nos leía de vez en cuando alguna frase, algún pasaje sagrado, para ponernos en contexto y evitar ovejas descarriadas en la homilía.

Skybite miraba fijamente a los allí congregados, a través de las dos aperturas que su hábito disponía en sus ojos, postrándose a escasos centímetros en alguna ocasión. El calor de la sala no era sólo metafórico, y el sudor comenzaba a traspasar dicho hábito, pero aquello requería de más, y Skybite levantaba sus manos y aplaudía intensamente para que todos le siguieran y subieran la intensidad de sus rezos.

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Un último arrepentimiento

Pasada la parte central de la homilía, el hermano Reverb Myles, iba a tratar de obrar el milagro del fuego en el mástil de su guitarra, bajando y subiendo con rapidez y fuerza por él en el final de “II – Love Your Enemies, Do Good… “. Llegados a este punto, ya casi no había tiempo para lamentos y la penitencia final para todos los fieles fue oscura, pesada e implacable. Con la retirada a la sacristía de los tres hermanos, algunos de los allí presentes pensaron que sus pecados habían sido ya perdonados, pero no, todavía faltaba una última oración, y esa sería la más importante. “Ego Sum Via Veritas Et Vita” nos devolvió a los orígenes de nuestra cruda realidad y al por qué, un viernes noche, nos congregamos a santificar a unos salmantinos de Jerusalén . Guitarras afiladas, riffs densos y el peso del metal de la cruz que todos llevamos encima, es lo que nos hará, por siempre, hermanos de El Altar Del Holocausto.

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Texto y fotos: Dave Blanco

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